Historia de Cataluña

Historia de Cataluña

Los primeros pobladores del territorio que actualmente ocupa Cataluña se remontan a los inicios del Paleolítico Medio. Los restos más antiguos descubiertos corresponden a la mandíbula de un individuo del género Homo (especie incierta) encontrada en Bañolas, de unos 66.000 ± 7.000 años de antigüedad

De la siguiente etapa prehistórica, el Epipaleolítico o Mesolítico, se han conservado importantes yacimientos, la mayor parte datados entre el 8000 y el 5000 a. C., como el de Sant Gregori (Falset) y el Filador (Margalef de Montsant) y, en lo que respecta a las manifestaciones artístico-creenciales, Arte levantino, el Cogul, Cabra Feixet (el Perelló) y Ulldecona.

El período Neolítico se inicia en tierras catalanas hacia el 4500 a. C., aunque en un grado de sedentarización de los pobladores mucho menor que en otros lugares, gracias a la abundancia de bosques, lo que propició que la caza y la recolección siguieran siendo actividades fundamentales y que el establecimiento de asentamientos se demorase en muchos lugares.

En Cataluña entre el 2500 y el 1800 a. C. se construyen los primeros objetos de cobre.

La Edad del Bronce se sitúa cronológicamente en el período 1800-700 a. C., de la cual se conservan escasos restos, pero destacan unos poblados formados en la zona del Bajo Segre. La Edad del Bronce coincide con la llegada de los pueblos indoeuropeos, a través de sucesivos flujos migratorios que se desarrollan desde el año 1200 a. C., responsables de la creación de los primeros poblados de estructura protourbana.

A partir de mediados del siglo VII a. C. el territorio catalán alcanza el período conocido como Edad de Hierro.

Período prehistórico

Este periódo se caracteriza, en una primera etapa, por la influenzia de diferentes culturas colonizadoras en el actual territoerio catalan, en particular la griega y la cartaginesa que darán lugar a la formación de la cultura ibérica. De esta etapa es la formación de Emporion, en la costa gerundense, enclave comercial impulsado por la ciudad griega de Focea desde Massalia (actual Marsella), en el siglo VI a. C.

En lo que se refiere a la civilización ibérica, se ha constatado la existencia de diferentes tribus dispersas por tierras catalanas, entre ellos los indigetes (en el Ampurdán), los ceretanos (en la Cerdaña) o los airenosinos (en el Valle de Arán).

Período romano

La segunda etapa de la historia antigua en Cataluña corresponde al período de romanización, iniciado en el siglo III a. C. La llegada de los romanos a la península ibérica tuvo lugar en el 218 a. C., con el desembarco de Cneo Cornelio Escipión en Emporion, la actual Ampurias, con el objetivo de cortar las fuentes de aprovisionamiento de los ejércitos del general cartaginés Aníbal durante la Segunda Guerra Púnica. La principal base de operaciones de los romanos durante la guerra, y primer núcleo de romanización en la península fue la ciudad de Tarraco, actual Tarragona.

Tras la derrota de los cartagineses y de diferentes tribus ibéricas sublevadas ante la presencia romana, en el 195 a. C., se completó prácticamente la conquista romana en territorio catalán y se inició el proceso de romanización, a través de la cual los distintos pueblos peninsulares fueron asimilados por la cultura romana y abandonaron sus propios rasgos.

El actual territorio catalán quedó englobado primero en la provincia llamada Hispania Citerior, para formar parte desde el 27 a. C. de la Tarraconense, cuya capital fue Tarraco.

Producto del periodo romano será la adopción de toda la estructura administrativa y las instituciones propiamente romanas, el desarrollo de una gran red urbana y viaria, la generalización de un sistema agrícola basado en la trilogía mediterránea (cereales, viña y olivo), la introducción de los regadíos, el desarrollo del derecho romano y la adopción del latín.

La crisis del siglo III que afectó al Imperio romano y que originaría su decadencia afectó gravemente al actual territorio catalán, donde se han detectado importantes niveles de destrucción y procesos de abandono de villas romanas. También de este siglo son las primeras noticias documentales de la presencia del cristianismo en Cataluña. Aunque los datos arqueológicos indican la recuperación de algunos núcleos, como Barcino (Barcelona), Tarraco (Tarragona) o Gerunda (Gerona), la situación no volvió a ser la de antes, las ciudades se amurallaron y los núcleos se redujeron.

Periodo visigótico (siglos V a VII) – se produce la invasión generalizada del Imperio romano por parte de los pueblos germánicos.

Conquista musulmana (siglo VIII)- Los visigodos dominaron el territorio hasta inicios del siglo VIII, cuando en mitad de una guerra civil por la sucesión del reino (que entonces ya abarcaba toda la península ibérica), una de las partes llama a la potencia emergente, el Imperio Omeya, en busca de ayuda y para que decidiera la guerra a su favor. Los musulmanes ya ocupaban todo el norte de África y su imperio se extendía hasta la India. La conquista musulmana se basó en un ejército de 30.000 hombres,  en unos soldados altamente motivados; en las tácticas de caballería, en la debilidad de un reino dividido en mitad de una guerra civil sucesoria, en el desinterés de una población hispanorromana dominada por una minoría aristocrática visigoda que no había conseguido integrarles en el reino (la integración entre visigodos y población local no se produjo hasta épocas posteriores); en el mandato religioso del cristianismo en contra de la guerra (que no cambió hasta finales del siglo XI con el encumbramiento de la clase caballeresca, aprox. 1075, y las cruzadas desde 1100); en el miedo a las represalias acompañado de la tolerancia de los musulmanes con los que se sometían sin resistencia; en las facilidades concedidas a las clases dominantes para mantener el poder si cambiaban de bando; en la tolerancia religiosa mediante el simple pago de un impuesto por parte de los no musulmanes; y, sólo en algunos casos, la entrega de tierras que a los nuevos conquistadores (las mejores para los árabes y yemeníes, las peores para los bereberes). Es también en este periodo, durante el siglo XI, cuando se consolidan la Taifa de Tortosa i la Taifa de Larida.

En el 718, la conquista musulmana de la península ibérica llegó al noreste de la península y pasó a la Septimania visigoda, un proceso que tuvo lugar sin graves conflictos bélicos, excepto algunos focos de resistencia aislados como el de Tarragona.

Siglo IX – poder carolingio

Siglo X – independencia del poder carolingio. Durante el siglo X, los condados se convirtieron en verdaderos condados independientes del poder carolingio, según el poder central del Imperio se debilitaba, y las guerras civiles, de sucesión, hacían su trabajo de desgaste, un hecho que el conde Borrell II oficializó en el 987 al no prestar juramento al primer monarca de la dinastía de los Capeto.

Siglo XI– se caracteriza en Cataluña por el desarrollo de la sociedad feudal, como consecuencia de las presiones señoriales para desarrollar lazos de vasallaje con los campesinos libres (alodiales, en catalán aloers). Los años centrales del siglo se caracterizaron por una guerra social virulenta, donde la violencia señorial arrolló a los campesinos, gracias a las ventajas que obtenían de las nuevas tácticas militares, la caballería pesada, y basadas en la contratación de mercenarios bien armados y a caballo.

Siglo XII–  Hasta mediados del siglo XII, los sucesivos condes de Barcelona intentaron ampliar sus territorios en múltiples direcciones y por diversos medios. Ramón Berenguer III (10821131) incorporó mediante alianza matrimonial el condado de Besalú (1111), recibió por herencia el de Cerdaña (1117 o 1118), y conquistó por la fuerza parte del condado de Ampurias (entre 1123 y 1131). Más allá de los Pirineos, también controló el de Provenza (desde 1112), que al morir legó a su segundo hijo Berenguer Ramón.6 Por su parte, en 1118 la Iglesia catalana se independizó de la sede de Narbona y fue restaurada la sede de Tarragona.

Siglo XII-XV –Bajo el gobierno del conde Ramón Berenguer IV (11311162), se produjeron diferentes hechos fundamentales para la historia de Cataluña. El primero, su boda con Petronila de Aragón, lo que supuso la unión del condado de Barcelona y del Reino de Aragón, por lo que con el tiempo el territorio común sería conocido como Corona de Aragón.

Ramón Berenguer IV conquistó Tortosa y Amposta en 1148, y Lérida en 1149 gracias a una ofensiva conjunta con el conde Ermengol VI de Urgel. Estos territorios fueron repoblados a lo largo del siglo XII y suelen recibir el nombre genérico de Cataluña Nueva, para distinguirlos de los antiguos condados carolingios que conformaban el área oriental de la Marca Hispánica, denominados Cataluña Vieja. La línea de separación entre ambas áreas geográficas suele establecerse en la línea delimitada por los ríos Llobregat, su afluente el Cardener, y el Segre.

Expansion de la corona de Aragón (siglos XII y XIII): Tras un periodo de agitación, en 1227, Jaime I el Conquistador asumió plenamente el poder como heredero al trono de la Corona de Aragón y se inició la expansión territorial sobre nuevos territorios.

En su reunión de 1188, la asamblea de Paz y Tregua, germen de las Cortes catalanas, estableció los límites de lo que a partir de mediados del siglo XIV se conocerá como Principado de Cataluña.

Entre las décadas finales del siglo XIII y las primeras del XIV, los condados catalanes vivieron épocas de gran plenitud, en las que experimentó un fuerte crecimiento demográfico y una expansión marítima por el Mediterráneo.

Siglo XIV- la creación de la Generalidad de Cataluña.

Siglo XV- El matrimonio de Fernando II de Aragón con Isabel la Católica, reina de Castilla, celebrado en Valladolid en 1469, condujo a la Corona de Aragón a una unión dinástica con Castilla, efectiva a su muerte, en 1516, pero ambos reinos conservaron sus instituciones políticas y mantuvieron las cortes, las leyes, las administraciones públicas y la moneda propias. Sería Fernando II de Aragón, el Católico, quien, con la sentencia arbitral de Guadalupe resolvió el conflicto remensa en 1486, reformó en profundidad las instituciones catalanas, recuperó pacíficamente los condados catalanes del norte y amplió la actuación de la corona sobre Italia.

Siglo XVI- la población catalana inició una recuperación demográfica y una cierta recuperación económica. El reinado de Carlos I fue para Cataluña una etapa de armonía en la nueva estructura que formaban ahora los reinos hispánicos. En 1521 nombró Virrey de Cataluña al Arzobispo de Tarragona, Don Pedro Folch de Cardona, uniendo Besalú, Vallespir, Peralada, Ausona (Osona), Ampurias, Urgel y Cerdanya al resto de condados, siendo gobernados juntos por primera vez como región histórica unificada.

El hecho de que el descubrimiento de América (1492) y que por tanto los derechos sobre ella estuvieran en el reino de Castilla, alejó a la Corona de Aragón de sus ventajas hasta la unificación con el reino de Castilla con la llegada de los Borbones en la guerra de Sucesión. Aunque el Reino de Aragón se había opuesto a una unificación con el reino de Castilla, puesto que la nobleza que integraba las cortes de Aragón suponían que esta sería una dilución de sus poderes, y tener que soportar la mayor carga impositiva que tenía el reino de Castilla.

Durante el reinado de Felipe II la Corona de Aragón continúa sin soportar el mantenimiento militar de los reinos. Ello se explica por la negativa de la Corona de Aragón a proveer de más tropas y fondos al rey y la defensa y expansión de sus dominios, así como por el paso del peso político y económico internacional del Mediterráneo al Atlántico, la debilidad del principado de Cataluña, siendo la preeminencia del Reino de Valencia en el espacio de la vieja confederación una cuestión de menor importancia.

El reinado de Felipe II marcaría, en cambio, el inicio de un proceso de deterioro, la crisis económica que comienza en Castilla en 1580 y los elevados impuestos que se atenazan sobre el reino vecino, llevando a este a una gran pérdida de población, llegando la meseta y salvo Madrid, a tener menos población en la actualidad que antes de 1580; la economía de Cataluña se resiente, pero se mantiene la unidad del reino. Entre los elementos más negativos de este periodo destacan la piratería berberisca sobre las zonas costeras y el bandolerismo en las zonas interiores.

La nueva dinámica y las nuevas fidelidades que generaba originaron también un retroceso en la lengua y en la cultura catalanas, que iniciaron una etapa de decadencia, tras la pujanza de los siglos anteriores.

Siglo XVII- La crisis económica, los nuevos impuestos y las nuevas necesidades militares llevan a que se produzca un levantamiento popular en Cataluña. Las razones de fondo son de dos tipos, en primer lugar por las llamadas “causas antiguas” (reducción de los privilegios medievales de la nobleza desde la unión de Aragón y Castilla, no convocatoria y presidencia de las Cortes Catalanas, introducción de algunos de los impuestos que se pagaban en Castilla, y la introducción en Barcelona de la Inquisición nueva en sustitución de la vieja Inquisición que ya operaba desde la Edad Media, y que fue el modelo por el cuál se implantó la Inquisición en Castilla en la época de los Reyes Católicos); y “causas nuevas” (la presencia en territorio catalán de tropas extranjeras a sueldo del rey, considerando como tales a castellanas y aragonesas necesarias para defender las fronteras contra Francia en la guerra, pero nunca deseables en tu territorio, y el desempeño de cargos públicos por personas no catalanas.

El Tratado de los Pirineos o Paz de los Pirineos fue firmado el 7 de noviembre de 1659 por parte de los representantes de Felipe IV de Castilla y III de Aragón, Luis de Haro y Pedro Coloma, y ​​los de Luis XIV de Francia, Cardenal Mazarino y Hugues de Lionne, en la isla de los Faisanes (en río Bidasoa, en los límites del País Vasco Norte), poniendo fin al litigio de la Guerra de los Treinta Años. Una de las consecuencias de este tratado fue la cesión a Francia del condado del Rosellón y parte del de la Cerdaña.

Siglo XVIII- A pesar de la difícil situación interna, Cataluña lograría a lo largo del siglo XVIII una notable recuperación económica, centrada en un crecimiento demográfico importante, un aumento considerable de la producción agrícola y una reactivación comercial (especialmente gracias al comercio con América, abierto solo a partir de 1778), transformaciones éstas que marcarían la crisis del Antiguo Régimen y posibilitarían después la industrialización, un primer proceso de la cual se daría en el siglo XVIII, especialmente centrado alrededor del algodón y otras ramas textiles.

A finales de siglo, sin embargo, las clases populares empezaron a notar los efectos del proceso de proletarización que ya se manifestaba, lo cual dio lugar a diferentes situaciones críticas hacia finales de ese siglo. En la década de los noventa se iniciaron además nuevos conflictos en la frontera con Francia, derivados de las consecuencias de la Revolución francesa.

Siglo XIX- (Guerra del Frances, Reinado de Fernando VII, Renaixença, nacimiento del catalansimo cultural, Reinado de Isabel II)

En 1808, Cataluña fue ocupada por las tropas de Duhesme, general de Napoleón, tras el comienzo de la Guerra de Independencia Española en Móstoles. El 26 de enero de 1812, Cataluña fue incorporada al Imperio Francés y dividida en 4 departamentos: Bouches-de-l’Èbre, Montserrat, Sègre y Ter.28 29 Al igual que en el resto de España, la mayoría de la población catalana se rebela contra la ocupación. El dominio francés se extendió hasta 1814, cuando el Duque de Wellington firmó el armisticio por el cual los franceses debían abandonar Barcelona y otras plazas fuertes que habían ocupado hasta el último momento.

Durante el reinado de Fernando VII (1808-1833) se sucedieron diversas sublevaciones en territorio catalán y tras su muerte, el conflicto por la sucesión entre el infante Carlos María Isidro y los partidarios de Isabel II dio lugar a la primera guerra carlista, que se prolongaría hasta 1840 y que sería especialmente virulenta en territorio catalán. La victoria de los liberales sobre los carlistas dio pie al desarrollo de la revolución burguesa bajo el reinado de Isabel II. Los vencedores se dividieron pronto en moderados y progresistas, mientras que en Cataluña se empezaba a desarrollar el republicanismo. Durante esta época, la industrialización avanza en Cataluña a mayor velocidad que en el conjunto de España, dando lugar al surgimiento de una nueva clase social, el proletariado, que soportaría condiciones de vida y trabajo muy duras.

La industrialización estaría marcada por una grave escasez de recursos energéticos propios y la debilidad del mercado interior español, además de por las presiones para adoptar políticas proteccionistas que evitaran la competencia de productos extranjeros. A partir del segundo tercio del siglo se desarrolló también la Renaixença (‘renacimiento’), un movimiento cultural de recuperación del catalán como lengua de cultura, que empezaba a superar así su larga etapa de decadencia.

El desarrollo del reinado de Isabel II, marcado por la corrupción, la ineficacia administrativa, el centralismo y las tensiones políticas y sociales, se tradujo en un progresivo aumento de la agitación social y en el desarrollo de la ideología republicana y federal. El descontento estalló la Revolución de 1868, también conocida como La Gloriosa, que causó la caída de Isabel II y dio lugar al comienzo del Sexenio Revolucionario.

La Revolución Industrial de Cataluña, o la era del vapor, se produjo entre 1840 y 1891, lo que convirtió Cataluña en uno de los territorios de mayor dinamismo industrial y se incorporó al grupo reducido de las regiones europeas que alcanzaron antes de 1860 unos niveles de industrialización elevados. La Revolución Industrial fue posible por el renacimiento económico que experimentó la sociedad y la economía catalana durante el siglo XVIII.

El aumento de la demanda y la transformación del sistema productivo, con una movilización importante de la iniciativa, trabajo y capital fueron elementos centrales.

Durante la primera etapa del proceso de industrialización, desde la finalización de la Revolución Liberal hasta la virada nacionalista del capitalismo español (1891), las relaciones económicas con el resto de Estado español se intensificaron mucho decididamente. La integración económica progresó al mismo tiempo que se avanzó en la unificación del ámbito administrativo, fiscal y financiero. El desarrollo de las infraestructuras modernas, especialmente gracias a la construcción de la red ferroviaria, incentivó esta dinámica.

El crecimiento económico catalán fue resultado, en gran parte, de la rápida integración en la economía española. Las ventas de los productos de la nueva industria conformaron la corriente más activa de estas relaciones. También aumentaron las conexiones con el mercado colonial de Cuba y Puerto Rico y, aunque de forma limitada, el tráfico con el resto del mundo.

Siglo XX-(el catalinismo, el nacionalismo catalan)

En las décadas siguientes fue tomando cuerpo el catalanismo político, como culminación de un proceso de afirmación de la conciencia nacional catalana, las primeras formulaciones del cual fueron debidas al político republicano Valentí Almirall. En 1901 se formó la Liga Regionalista de Enric Prat de la Riba y Francesc Cambó, que impulsó la Solidaridad Catalana. En cuanto al movimiento obrero, el final del siglo XIX se caracteriza en Cataluña por tres tendencias: el sindicalismo, el socialismo y el anarquismo, a los cuales se suma, a inicios del siglo XX, el lerrouxismo. Ello conduce a que en las primeras décadas del siglo XX se distingan dos grandes líneas de fuerza, el catalanismo y el obrerismo.

El primero, bajo el liderazgo de Prat de la Riba, consiguió una primera plataforma de autogobierno desde 1716: la Mancomunidad de Cataluña (1913-1923), presidida primero por éste, y más tarde por Josep Puig i Cadafalch.

Segunda républica española y restauración de la Generalidad de Cataluña. El 14 de abril de 1931, el mismo día en que se proclamaba la República en Madrid, Francesc Macià proclamaba desde el balcón de la antigua Generalidad de Cataluña la República Catalana dentro de una federación de pueblos ibéricos.

Guerra civil. Febrero 1936, tuvo lugar el fallido golpe de estado contra la II República, que desembocó en la Guerra Civil. En Barcelona, el golpe fue liderado por el general Manuel Goded, pero la oposición armada de los militantes de sindicatos y partidos de izquierda y la decisiva intervención de la Guardia Civil propició el fracaso de la rebelión. A partir de ese momento, Cataluña quedaría dentro del sector no controlado por los sublevados y bajo la teórica autoridad del gobierno republicano.

La derrota de los ejércitos republicanos en la batalla del Ebro permitió la ocupación de Cataluña por las tropas encabezadas por el general Franco entre 1938 y 1939. La victoria total del proclamado Generalísimo supuso el fin de la autonomía catalana y el inicio de una larga dictadura.

El franquismo en Cataluña. El franquismo (1939-1975) supuso en Cataluña, como en el resto de España, la anulación de las libertades democráticas, la prohibición y persecución de los partidos políticos (salvo Falange Española Tradicionalista y de las JONS), la clausura de la prensa no adscrita a la dictadura militar y la eliminación de las entidades de izquierdas. Además, se suprimieron el Estatuto de Autonomía y las instituciones de él derivadas, y se persiguió con sistematicidad la lengua y la cultura catalanas, sobre todo en la administración, en los medios de comunicación, en la escuela, en la universidad, en la señalización pública y en general en toda manifestación pública.

En la década de los años 1970, el conjunto de fuerzas democráticas se unificaron alrededor de la Asamblea de Cataluña. El 20 de noviembre de 1975 falleció el dictador Franco, hecho que abriría un nuevo período en la historia de Cataluña.

Transición democrática y restauranción de la Generalidad de Cataluña. Con la muerte del general Franco, se inició el periodo conocido como transición democrática, a lo largo del cual se irían alcanzando las libertades básicas, consagradas por la Constitución española de 1978. En ella se reconoce la existencia de comunidades autónomas dentro de España, lo que da lugar a la formulación del Estado de las Autonomías.

Tras las primeras elecciones generales, en 1977, se restauró provisionalmente la Generalitat, gracias al impulso de la sociedad civil catalana (representada por la masiva manifestación que tuvo lugar en Barcelona el 11 de septiembre de ese año) y la iniciativa del Gobierno de Adolfo Suárez, apoyada por el rey y las altas instancias del Estado.

En 1979, se aprobó finalmente un nuevo Estatuto de Autonomía de Cataluña, netamente superior al de 1932 en algunos aspectos como enseñanza y cultura, pero inferior en otros como justicia, finanzas y orden público. En él, Cataluña se define como “nacionalidad”, se reconoce el catalán como “lengua propia de Cataluña” y alcanza la oficialidad junto al castellano. Tras su promulgación, tuvieron lugar las primeras elecciones catalanas, que dieron la presidencia de la Generalidad a Jordi Pujol, de Convergència i Unió, cargo que ostentaría, tras seis triunfos electorales consecutivos, hasta el año 2003.

Siglo XXI.

Uno de los fenómenos más notorios en la primera década del siglo XXI fue el incremento de población de origen foráneo en Cataluña. El número de personas nacidas en el extranjero se incrementó de menos del 3% en 2000 a cerca del 15% en 2010.

El 16 de septiembre del 2005, la ICANN aprobó oficialmente el .cat, el primer dominio para una comunidad lingüística.

Por otra parte políticamente, el desgaste de CiU tras tantos años en el gobierno y su apoyo a los últimos gobiernos de Aznar condujeron a que, en noviembre de 2003, los resultados de las elecciones autonómicas posibilitaran un cambio de partidos en el gobierno de la Generalidad. A pesar de no haber ganado las elecciones por número de escaños, Pasqual Maragall (PSC-PSOE) fue nombrado presidente, encabezando un gobierno de coalición formado por el PSC-PSOECpC, ERC y ICVEUA, el Tripartito catalán. Los problemas asociados al proyecto de reforma del Estatuto de Autonomía de Cataluña, se tradujo en un adelanto de la convocatoria de elecciones a noviembre de 2006, en las cuales CiU obtuvo mayor número de escaños, aunque el tripartito continuó obteniendo suficiente apoyo como para poder formar gobierno del que José Montilla fue nombrado President. Montilla fue el primer presidente de la Generalidad no nacido en Cataluña después de la Segunda República, siendo nativo de Iznájar, Córdoba.

Las elecciones autonómicas del 28 de noviembre de 2010 dieron de nuevo la victoria a Convergència i Unió, por lo que su candidato y cabeza de lista por Barcelona, Artur Mas, fue investido como presidente de la Generalidad el 23 de diciembre de ese mismo año. Pero esta legislatura acabó en fracaso después del rechazo del gobierno de Rajoy al pacto fiscal, la promesa electoral de Artur Mas y que buscaba terminar el déficit fiscal de Cataluña con un sistema parecido al concierto vasco.

Dos años más tarde, influido por la presión callejera ante el malestar social y el creciente independentismo plasmado en la mayor manifestación de la historia de Cataluña en el 11 de septiembre de 2012 y que pedía la independencia de Cataluña,34 el presidente Artur Mas convocó unas nuevas elecciones, confiando en una posible mayoría absoluta para convocar un referéndum por la autodeterminación de Cataluña. Mas ganó las elecciones, pero perdió 12 escaños. Aún así, consiguió llegar a un acuerdo de gobernabilidad con ERC, el gran ganador de las elecciones ya que se había convertido en el segundo partido en escaños (siendo tercero en votos tras el PSC), por primera vez en la historia postfranquista. Este acuerdo prevé convocar un referéndum por la autodeterminación de Cataluña en 2014.35

En Cataluna se ha producido vino durante toda su história. Las primeras influencias de la viticultura en la Península Itálica pueden seguirse hasta los griegos y etruscos. El auge del Imperio Romano supuso un aumento en la tecnología y el conocimiento de la producción de vino, que se extendió a todas las partes del imperio. La influencia romana tuvo un profundo efecto en las historias de las principales regiones vinícolas actuales de Francia, Alemania, Portugal y España. En las manos de los romanos, el vino se volvió «democrático» y estuvo disponible para todos, desde el esclavo más bajo hasta el aristócrata, pasando por el campesino. La creencia romana de que el vino era una necesidad vital diaria promovió su extensa disponibilidad entre todas las clases. Esto llevó al deseo de llevar la viticultura y la producción de vino a todas las partes del imperio, para asegurar un suministro estable para los soldados y colonos romanos.